Muevo el brazo izquierdo, encuentro los cigarrillos, enciendo uno para mí y otro para ella. Pongo el cenicero en mi pecho.
-¿Me deseas?-pregunta.
Tengo ganas de decir: "Sí, te deseo cuando estás lejos, cuando sólo eres una fantasía en mi cabeza. Hoy luché durante casi una hora pensando en ti, en tu cuerpo, en tus piernas, en tus senos, y la lucha consumió sólo una parte ínfima de esa energía.Soy un hombre que ama y desea a su mujer, y aun así te deseo.No soy el único que te desea, no soy el único hombre casado que desea a otra mujer.
Todos cometemos adulterio de pensamiento, pedimos perdón y volvemos a cometerlo. Y no es el miedo al pecado lo que me hace permanecer aquí contigo en mis brazos y no tocar tu cuerpo. No tengo ese tipo de culpa. Pero hay algo muchísimo más importante que hacer el amor contigo ahora. Por eso estoy en paz a tu lado, viendo la habitación del hotel iluminada por la luz de las chispas de la obra de al lado".
-Claro que te deseo. Mucho: Soy un hombre y tú una mujer muy atractiva.Además siento una inmensa ternura por ti, que crece cada día Admiro cómo pasas con la facilidad de mujer a niña y de niña a mujer: es como el arco que toca las cuerdas del violín y que crea una melodía divina.
Las brasas de ambos cigarrillos aumentan. Dos caladas.
-¿Y por qué no me tocas?
Apago mi cigarrillo, ella apaga el suyo.Sigo acariciando sus cabellos y forzando el viaje al pasado.
-Tengo que hacer algo muy importante para los dos.
¿Recuerdas el Aleph? Tengo que entrar por aquella puerta que nos asustó.
Paulo Coelho
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